Mi cuerpo y YO

¿Sabías que tu autoestima está relacionada con la percepción que tienes de tu cuerpo?
Estar a gusto en nuestra propia piel es fundamental para sentirnos bien.
Por eso vamos a realizar el siguiente ejercicio para que puedas profundizar en la relación con tu cuerpo y su historia.
Tu cuerpo en particular te permite conectar con tu entorno físico, con tus relaciones más íntimas y con tu universo
mental y emocional.
No hay actividad que realices donde no participe.
El ejercicio consiste en visualizar nuestro cuerpo para entrar en contacto con él.
Al conectar trabajaremos con las experiencias y recuerdos de las diferentes etapas vitales, además de reconocer heridas, huellas y cicatrices.
Desde aquí podremos iniciar un diálogo con nuestro cuerpo de un manera honesta y fluida.

Comenzamos con una visualización de nuestro cuerpo, respirando profundamente y relajando la mente.
Imagina tu cuerpo frente a un espejo. Visualízalo de pies a cabeza.
Contémplalo detenidamente, tomando conciencia de que tiene una historia propia y única, además de experiencias que desde nació le han marcado, para bien o para mal.

En tu cuerpo hay huellas, heridas y cicatrices tanto físicas, mentales y emocionales, que van llegando a tu memoria de
manera espontánea. Escribe unas líneas con lo que viene a tu mente.

Haz una lista de recuerdos y experiencias que en este momento se te ocurren y te parecen significativas.
Haz una lista de 10 experiencias de cada etapa de tu vida: infancia, adolescencia, madurez, etc.
Ordénalas cronológicamente para dar una continuidad a la historia de tu cuerpo.

Te doy algunos ejemplos de recuerdos y experiencias concretas, agradables, específicas (en esta ocasión descubrí lo que era el frio) dolorosas (enfermedades, accidentes, operaciones), desagradables, placenteras (nadar, correr, caminar…).
Experiencias sexuales. Uso o abuso de drogas, fármacos…

Ahora que tienes tu lista ordenada en el tiempo con tus experiencias y recuerdos, léela anotando lo que sientes al
hacerlo, mientras vuelves a imaginar tu cuerpo preguntándote acerca de la relación actual con él:
• ¿Lo cuido, lo maltrato, le exijo demasiado?
• ¿Me siento cómoda o incómoda con él?
• ¿Lo rechazo, lo ataco, me enfada?

Es el momento de realizar un diálogo escrito con tu cuerpo con fluidez, honestidad y espontaneidad.
Puedes empezar de una manera sencilla teniendo presente tu relación actual con él.
Déjate llevar por tu escritura.
Te doy algunos ejemplos para iniciar tu diálogo con tu cuerpo:
• Hace mucho tiempo que no te presto atención, me gustaría saber cómo estás.
• La última vez que me acordé de ti es cuando salí a correr y sentí el esfuerzo…
• ¿Te acuerdas de aquel momento cuando…?
• Llevo mucho tiempo enfada contigo…
• Quiero conocerte mejor, ¿Qué es lo que más disfrutas haciendo?
Recuerda aplicar las recomendaciones que te propuse como también leer el escrito una vez terminado y anotar
cómo te sientes al leerlo.


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